6 de Abril de 2026
19:30h
I Lunes de Pascua
Bendición del órgano barroco restaurado de la S. A. I.
Catedral Metropolitana de la Encarnación de Granada
Primer concierto a cargo de Concepción Fernández
Vivas, organista titular

El órgano
El llamado órgano de la Epístola (o lado sur del coro) de la Catedral de Granada fue construido en 1744-45 por Leonardo Fernández Dávila. Junto con el del Evangelio conforma uno de los conjuntos más importantes de la organería barroca en la península ibérica.
El espectacular mueble fue construido por el mismo organero, algo nada frecuente en instrumentos de estas dimensiones. Tiene 17 m de altura desde la tribuna, 8,5 m de ancho y una profundidad que varía entre los 2 y los 3,20 m. El mueble gemelo del órgano del Evangelio y el órgano que albergaba fue construido en 1747 por el mismo Leonardo Fernández Dávila.
El órgano de la Epístola consta de tres teclados manuales de cuarenta y nueve notas, octava tendida y contras diatónicas de 26 y de 13. Sobre los teclados manuales se distribuyen setenta y cinco medios registros y tres mil cuatrocientos cuarenta y tres tubos sonoros. La arquitectura del mueble se completa con otros trescientos tubos mudos repartidos en ambas fachadas.
El cuerpo principal corresponde al tercer teclado, también llamado órgano mayor, con un Flautado Mayor de veintiséis palmos, lo cual da idea de la envergadura del instrumento.
Es la sección más completa del órgano. En ella podemos diferenciar dos coros: la fachada principal y la fachada del respaldo. La rica y variada lengüetería de ambas fachadas proporciona otro plano tímbrico
característico de su tiempo y de su estilo. También acoge las grandes contras de veintiséis palmos correspondiente al pedal o teclado de pisas.
Como contrapunto del gran órgano encontramos la cadereta de espalda, un órgano completo en sí mismo con su propio mueble, sus diferentes familias y la particularidad del Clarín de fachada.
Por último, la cadereta interior, u órgano de eco, que replica algunos de los juegos de los otros dos teclados para el efecto llamado de “eco y contraeco”. Al ser uno de los grandes órganos construidos en las catedrales españolas en el siglo XVIII, Leonardo Fernández Dávila tuvo ocasión de incorporar novedades y particularidades nunca antes vistas: la Trompeta Universal, el Clarín Imperial, o el Flautado Imperial.
La complejidad de sus recursos y su disposición será para los organistas estimulante motivo de exploración de las posibilidades de repertorio, registración y variedad de colores que proporciona el instrumento
La restauración
La restauración del órgano de la Epístola de la Catedral de Granada supone la culminación de un proyecto anhelado hace décadas, y que finalmente ve la luz. La tarea no ha sido fácil. Desde sus inicios, dada la compleja concepción de la intervención, hasta la ejecución material, pasando por todas las controversias que ha presentado la restauración, se ha planteado como restauración integral, del instrumento y del mueble, que son piezas inseparables.
El mueble, si bien estaba bien conservado, ha exigido un inmenso trabajo de limpieza y consolidación ornamental, así como algunos trabajos estructurales. Las dimensiones del mueble pueden dar una idea de las superficies que han sido tratadas: las dos fachadas principales, los costados ricamente ornamentados, y la cadereta de espalda que es un cuerpo independiente.
En cuanto al instrumento, sería difícil resumir la intervención en estas líneas, pero cabe afirmar que ha sido una intervención de máxima profundidad a fin de dar respuesta a todos los aspectos técnicos y estilísticos con la vista puesta en muchas décadas por venir.
El órgano ha sido desmontado por completo, y todos sus elementos restaurados convenientemente, revirtiendo intervenciones inadecuadas, racionalizando algunos aspectos estructurales, y reconstruyendo los que se habían perdido o no correspondían al propio instrumento y estilo.
Se ha dotado al órgano de una nueva sección de seis fuelles de cuña, como se ha documentado que existieron. Toda la “máquina” o parte mecánica y de distribución del viento a los tubos ha sido restaurada en profundidad.
Se trata de un sistema de gran complejidad, con una red de canales y conductos de cerca de cuatro kilómetros, con todos sus enlaces y conexiones para dar aliento a cada uno de los tubos que forman la armonía del órgano.
Por último, la voz del órgano la emiten los casi tres mil quinientos tubos de diferentes naturalezas, materiales, geometrías y dimensiones, y a los que se ha dado un tratamiento más especial, si cabe. La investigación acerca de los avatares de la historia de la tubería, el compromiso de encontrar la idea plasmada en esos tubos de Leonardo Fernández Dávila, y la valoración de intervenciones posteriores ha sido un trabajo exhaustivo y detallado.
En cuanto a la composición se ha dado una respuesta basada en el estudio del instrumento y la documentación histórica disponible.
Se ha revertido la subida de tono que sufrió a finales del siglo XIX recuperando el diapasón original, para lo cual ha sido necesario prolongar buena parte de la tubería, como se puede apreciar en la lengüetería de fachada.
El último aspecto, dar voz a cada tubo y armonizar el conjunto, ha sido el trabajo más delicado y comprometido, pues requiere que nuestra aportación personal no desvirtúe el espíritu que Fernández Dávila quiso imprimir en los miles de kilos de materia que han llegado a nuestras manos.
Blog del proceso de restauración del órgano de la epístola de la Catedral de Granada








